La guia

Estas son preguntas recurrentes, muy comunes, a las que me enfrento cada vez que voy a hacer mis compras. Entonces, después de unos años, llegué a la conclusión de que era más práctico sacar una ‘guía’ que brindara información y servicio que intentar responder a cada una de las personas que me paran y me cuentan sus dudas por la calle. Aunque, obvio: apuesto a que voy a seguir haciéndolo, porque, al fin y al cabo, para eso estamos.

¿Qué van a encontrar y qué no en esta “pequeña guía”? Por supuesto, uno escribe sobre lo que conoce –o al menos eso debería. Así que por ahora escribo sobre la ciudad de Buenos Aires, aunque, lo admito, tampoco la conozco toda. Así que lo que sí tiene este libro es una serie útil –pero no definitiva– de direcciones, tips y datos de lugares donde comprar cosas ricas y buenas. Ya sea materia prima, productos terminados, nacionales, importados, industriales y caseros, simples o elaborados, étnicos o regionales.

Probablemente, esta será una guía controvertida, ya que “sobre gustos…”. Pero seguro que los va a ayudar y mucho. Para hacerla conté con amigos (cocineros y no cocineros) que sé que disfrutan de la comida, que tienen buen paladar y que por sobre todo tienen perfiles bien distintos. Van a encontrar también consejos de ayuda y una lista de qué hacer con algunos productos que no conocemos tanto.

Como sucede con casi todo, lo que cocinamos puede ser un éxito o un fracaso, y eso depende de aquello que hicimos antes, de decisiones previas. Por eso, el secreto de un plato empieza con la compra, es decir, antes de entrar a la cocina. Cuando compramos nuestra comida hacemos mucho más que un intercambio de bienes: lo que comemos pasa a ser parte nuestra, así que, justamente por esto, deberíamos prestarle la atención que se merece. Si cocinamos, si nos cocinamos, aunque sea algo simple, nos va a ir mejor. Y si lo hacemos con productos de estación, no sólo a nosotros nos va mejor, sino a la comunidad: los productos están más baratos, son más ricos, viajaron menos y consumieron menos energías. “Comunidad”. Una palabra muy usada en estos días, pero en un sentido virtual. En su sentido más práctico, en el mundo en el que realmente vivimos, hay una sensación de pérdida. ¿Cómo conocemos a nuestra comuna, a nuestros vecinos? En la plaza con el perro –los dueños de perros tenemos un vínculo tácito–, en la puerta de los colegios y, en estos días, no mucho más si hacemos las compras como autómatas únicamente en el supermercado. Obvio: para algunas cosas, es práctico y fenomenal, pero no siempre es más rápido como muchos creen, ni más fácil. ¿Cuántas veces te atascaste en la cola con un cepillo de dientes y un queso blanco, o te atropellaron con un changuito, o te clavaste comprando más verdura de la que realmente comés en una semana sólo para no tener que volver?

Por eso, salí a la calle, conocé. Recorré otros barrios, hablá con tus vecinos y vecinas. Consultá dónde compran tus familiares y conocidos. Probá hacerte cliente de una verdulería, carnicería o fiambrería y notá la diferencia en tu calidad de vida. Si sos habitué, no te venden cualquier cosa: te recomiendan y te cuidan porque quieren que vuelvas. Y no lo hacen poniendo musiquita o regalando cupones. Te preservan como cliente, simplemente, vendiéndote un buen producto.

¿Qué no hay en este libro? Críticas. Si hay algún lugar que no figura, es porque:
1. Todavía no lo conocemos.
2. No nos gustó lo suficiente.
Que quede claro que esta guía está abierta y en crecimiento. En la página web van a poder agregar sus lugares favoritos, sus descubrimientos, pero no las críticas negativas. Si no es para recomendar, no se pone y listo.
¿Para quién es? Para aquellos a los que les gusta cocinar, y también para los que no tanto (piensen que si compran bien, buenos productos, van a tener que hacer muy poco). Para los que recién empiezan a cocinar, para los que vivían afuera y volvieron a la ciudad –o recién la conocen. Para los que les gustan los lugares recomendados y tener siempre “el dato”; y para que los que, simplemente, les gustan las cosas ricas.