Cómo guardar los vinos

El vino está vivo. Nace, evoluciona, se transforma con el tiempo, madura, envejece y muere (como nosotros). A lo largo de este proceso varía su aroma, color y sabor. Si se mantiene en ciertas condiciones de guarda (o crianza), esta transformación es positiva, y el vino se añeja bien, crece. Que es muy distinto a decir envejece. En algunos vinos la madurez llega antes que en otros –no todos los vinos están hechos para ser guardados–, pero lo principal es hacerlo llegar a ese punto ideal de maduración. Y eso depende de dónde lo compramos y de cómo lo guardamos.
Algunos tips:

  • El lugar donde se guardan las botellas tiene que ser fresco, ventilado y no debe estar expuesto a cambios bruscos de temperatura.
  • También debe ser oscuro (o al menos que no dé la luz directa), con cierta humedad y en una zona sin olores penetrantes.
  • Lo mejor es que las botellas estén acostadas para que el vino esté en contacto con el corcho y así se mantenga húmedo. Si el corcho se seca, deja de ser un buen tapón y permite que entre oxígeno o que se filtre vino. Nada de dejarlos parados, excepto que sean espumantes que da lo mismo cómo se los coloque. Los licorosos siempre parados.
  • El vino blanco en general hay que beberlo joven, no es para guardar. Lo mismo que el rosado. Los dulces duran más que los secos, salvo raras excepciones.
  • Para reconocer tintos que son de guarda, la mejor guía es el precio, los baratos son para tomar en el momento. Aunque algunas veces los muy caros generalmente ya fueron guardados por la bodega y salen listos para el mercado.
  • Consejo: comprar seis botellas y abrirlas en distintos momentos o años. Así aprendemos con la práctica y vemos qué pasa y cómo evolucionan los vinos.
  • Cuanto más grande la botella, más tarda y mejor es la maduración del vino (magnum y doble magnum).
  • Si el vino estuvo guardado mucho tiempo (entre siete y diez años aproximadamente), puede generar sedimentos. En este caso, hay que decantarlo antes de servir.